¿Cómo se establece el diagnóstico?
El médico establece el diagnóstico basándose en la información proporcionada por el paciente y a los signos observados en un examen del aparato locomotor. En la mayoría de los casos no son necesarias pruebas de laboratorio ni de imagen complementarias y estas no se indican hasta que exista sospecha de una causa concreta de la lumbalgia o el estado del paciente no haya mejorado a pesar del tratamiento aplicado.
En primer lugar, se realiza radiología y, en algunas situaciones (p. ej. ante la sospecha de compresión sobre la raíz nerviosa o estenosis espinal), se procede a otras pruebas de imagen, tales como tomografía computarizada y resonancia magnética. En el 90 % de los casos se presenta el denominado dolor inespecífico cuyas causas no se pueden determinar puesto que los resultados de las pruebas a menudo son normales, a pesar de que el enfermo sufre dolor. Por otro lado, aunque las pruebas revelen, por ejemplo, cambios degenerativos u otras alteraciones estructurales de la columna vertebral, aun así no se puede afirmar que ellos sean culpables de las molestias que experimenta el paciente. Esto a veces conduce a un diagnóstico erróneo de la causa del dolor y expone al enfermo a estrés y gastos innecesarios.
¿Cuáles son los métodos de tratamiento de la lumbalgia?
Más frecuentemente la lumbalgia cesa sin tratamiento o gracias al empleo de simples métodos de actuación (→más arriba: ¿Cómo actuar ante el dolor lumbar?). Sin embargo, si las molestias no disminuyen después de unas semanas o aparecen nuevos síntomas de alerta (→cuadro más arriba), es necesario acudir al médico quien, dependiendo de la causa sospechada, decidirá sobre el futuro procedimiento. Generalmente, este se centra en varias formas del tratamiento conservador (entre las cuales el papel fundamental desempeña la rehabilitación) y solo en casos excepcionales se indica la cirugía de la columna vertebral.
Tratamiento conservador de la lumbalgia
Un ejercicio físico regular de los músculos de la espalda y abdominales fortalece la columna vertebral. Está prohibido realizar ejercicios que provoquen dolor. Un médico o fisioterapeuta con experiencia debe ajustar el programa de ejercicios; el enfermo continúa con el entrenamiento individualmente en casa. Aparte de los ejercicios dirigidos al fortalecimiento de la columna vertebral es necesario cuidar de una buena condición física.
Los fármacos se utilizan de manera complementaria con el fin de reducir el dolor y facilitar los ejercicios de rehabilitación. Generalmente se utiliza el paracetamol o los AINE disponibles de venta libre. Dichos fármacos no deben tomarse durante más de dos semanas sin previa consulta médica. El médico también puede indicar otros fármacos, tales como relajantes musculares, opioides e, incluso, antidepresivos (algunos desempeñan un papel importante en el tratamiento de la lumbalgia duradera).
Varias formas de la terapia física (ultrasonidos, estimulación nerviosa eléctrica transcutánea, diatermia, láser, aplicación superficial de calor, crioterapia) relajan los músculos y ligamentos y facilitan su extensión. Se emplean como técnicas que facilitan la realización de ejercicios de rehabilitación.
El reposo en la cama hasta hace poco tiempo era el método principal del tratamiento de la lumbalgia, pero los estudios han demostrado que no solo no conlleva los beneficios esperados, sino que puede incluso prolongar las molestias. La inmovilización se relaciona con complicaciones tales como el deterioro de la condición física general, debilitamiento muscular y estado depresivo; además, favorece la formación de coágulos en los vasos sanguíneos. Actualmente, se recomienda un reposo corto en la cama solamente en aquellos casos que cursan con un dolor muy agudo que "bloquea" todo movimiento de la columna vertebral o de síntomas graves derivados del síndrome radicular. Se debe regresar a las actividades diarias lo más rápido posible, dentro de los límites tolerables de la molestia, y evitando realizar actividades que intensifiquen el dolor.
Las técnicas manuales (manipulaciones y movilizaciones de la columna vertebral) se centran en la movilización de los tejidos blandos de la región dolorosa de la columna vertebral. Pueden quitar el dolor si los síntomas no llevan más de cuatro semanas, pero después de este período su uso generalmente no conlleva mejora. Deben utilizarse en combinación con ejercicios físicos y no como método de tratamiento único. Solo un médico o fisioterapeuta con experiencia puede realizar dichas técnicas.
La tracción lumbar y descompresión axial vertebral se basan en el estiramiento de las vértebras lumbares empleando la fuerza adecuada al peso corporal. Aliviar el disco intervertebral afectado supone una disminución del dolor. Estas técnicas pueden utilizarse únicamente por prescripción y bajo control del médico, una vez que se hubiesen tenido en consideración todas las contraindicaciones.
Las ortesis lumbares ayudan a mantener la columna lumbar en posición estable. Su papel principal es recordarle la técnica correcta para alzar objetos y realizar flexiones y probablemente no tengan impacto en la prevención de la lumbalgia.
Los bloqueos son inyecciones de glucocorticoides administradas directamente a la zona que el médico sospeche como originaria del dolor. Pueden ser de utilidad si son uno de los elementos de la rehabilitación pero no deben utilizarse como el único método terapéutico. Solo un médico con experiencia puede realizar bloqueos.
Hasta ahora no se ha demostrado el efecto terapéutico de los masajes, el yoga y la acupuntura. Sin embargo, si alivian el dolor y contribuyen al bienestar, pueden utilizarse como un elemento complementario de la rehabilitación.
El apoyo psicológico es importante porque la lumbalgia, sobre todo la duradera, empeora el ánimo y provoca la sensación de incapacidad. Esto, a su vez, intensifica las molestias y reduce las posibilidades de obtener un éxito terapéutico. En muchos casos los métodos del apoyo psicológico (terapia de la conducta, psicoterapia, fármacos antidepresivos) resultan ser un elemento clave del tratamiento.
Tratamiento quirúrgico de la lumbalgia
Es necesario en un porcentaje pequeño (entre el 1 y 3 %) de las personas con lumbalgia. La indicación de urgencia para emplear el tratamiento quirúrgico es el síndrome de cauda equina, tumor o infección de la columna vertebral o la aparición de una paresia aguda de una extremidad causada por una compresión sobre las estructuras del nervio. El tratamiento quirúrgico también puede considerarse en personas con un síndrome radicular resistente al tratamiento y estenosis espinal.
¿Es posible una curación completa?
La mayoría de las lumbalgias desaparecen en unos días o unas semanas y en entre el 80 y 90 % de los enfermos la mejora se produce en tres meses. Desgraciadamente, la lumbalgia recurre en más de la mitad de los casos. En una de cada diez personas la lumbalgia dura más de tres meses y entonces se convierte en un estado crónico, lo que disminuye las posibilidades de recuperación y puede conducir a la incapacidad. Sin embargo, la mayoría de las personas con lumbalgia pueden continuar con el trabajo que venían realizando hasta ese momento. La resolución completa del dolor en dichas personas es menos real, pero el objetivo del tratamiento es la disminución de las molestias y la mejora de la calidad de vida. El procedimiento profiláctico y terapéutico adecuado es la clave del éxito: el entendimiento de la enfermedad, la mejora de la condición física y el apoyo psicológico mejoran el funcionamiento en la vida cotidiana y reducen el número de exacerbaciones de la lumbalgia.
¿Qué se debe hacer después de finalizar el tratamiento?
Entérese como cuidar del funcionamiento adecuado de la columna vertebral (véase más abajo) justo después del primer episodio de lumbalgia y, óptimamente, antes de que esta se presente. Recuerde que la lumbalgia presenta frecuentes recaídas, por lo tanto es necesario cuidar de la columna vertebral de por vida. Si ha participado en clases de rehabilitación, siga con los ejercicios indicados en casa.
Acuda al médico si las molestias no cesan en unas semanas. El tratamiento de la lumbalgia es más fácil en su fase inicial, antes de que la condición pase a la fase crónica. Es preciso hacer una consulta médica urgente si se presenta alguno de los síntomas preocupantes que se han enumerado en el cuadro previo.
¿Qué hacer para prevenir la lumbalgia?
Con el fin de prevenir la lumbalgia o disminuir el riesgo de su recaída se debe:
- mantener una buena condición física y adoptar una postura corporal correcta:
- hacer ejercicios de acondicionamiento físico general (p. ej. natación, ciclismo, marcha rápida) por lo menos durante 30 minutos, como mínimo, 3 veces a la semana
- realizar ejercicios de tonificación muscular de la espalda y el abdomen
- hacer un calentamiento adecuado antes del ejercicio y un "enfriamiento" muscular gradual después
- perder sobrepeso
- en caso de tener que permanecer mucho tiempo sentado, colocar una almohada debajo de la columna lumbar o utilizar una silla especial, hacer pausas para moverse
- no cargar objetos pesados, aprender la técnica correcta para levantar objetos (no inclinarse sobre el objeto levantado, sino agacharse, utilizar los músculos de las piernas y abdominales al ponerse de pie)
- dormir sobre un colchón de firmeza media, preferentemente de lado, aunque el médico o fisioterapeuta puede elegir la posición individual para reposar y dormir
- llevar zapatos cómodos de tacón bajo y, si es necesario, utilizar plantillas para pies planos
- asegurarse de seguir una dieta adecuada que proporcione la cantidad apropiada de calcio y vitamina D a los huesos
- no fumar.
Fig. 1. Técnica correcta para levantar objetos
¿Qué estilo de vida es recomendable para las personas con lumbalgia?
Sobre todo es necesario abandonar el hábito tabáquico. Se ha demostrado una clara relación entre el fumar y la lumbalgia. Existen por lo menos tres causas de dicha relación. Primero, la tos crónica puede dañar músculos y ligamentos, por lo que el dolor aparecerá al toser. Segundo, los fumadores suelen tener peor forma física, por tanto tienen los músculos más débiles y una mala postura que provocan las molestias. En tercer lugar, se sospecha que la nicotina en el humo del tabaco posea efecto antifibrinolítico. En consecuencia, en vez de producirse una correcta actividad osteoblástica, se forman cicatrices por microlesiones que, a su vez, aumentan el dolor.
Es necesario cuidar de su condición física, su mejora o, si es satisfactoria, su mantenimiento. No cabe duda de que unos músculos de la espalda y abdominales bien desarrollados previenen las molestias relacionadas con la parte baja de la espalda.
La natación es la mejor forma de actividad física porque de manera natural aumenta la masa muscular de la espalda. El sobrepeso inevitablemente conduce a la adopción de una mala postura que, a su vez, provoca el dolor lumbar. Por lo tanto, es necesario mantener el óptimo peso corporal.
Fuente: Calin A., Cormack J., Reumatologia - pytania i odpowiedzi, Medycyna Praktyczna, 2000.
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